martes, 4 de diciembre de 2018

Matacan

Un matacán es una caja de obra maciza, cubierta y volada, o bien una galería
que forma un voladizo continuo a lo largo de la coronación de una fortificación y en el que el piso en vuelo, perforado, permite el lanzamiento de proyectiles
verticalmente para proteger ciertas áreas vulnerables, como el pie de las murallas.

En los castillos suele haber una zona con aperturas desde donde se tiraba aceite hirviendo u otros líquidos/sólidos. 

Debido a que solían emplearse contra los musulmanes (apodados “perros” o “canes” en aquella época por los cristianos), la etimología de la palabra está clara: mata-canes.





 Liebre que, más que correr, vuela por los campos a tal velocidad que los perros no la alcanzan, tan oscura en ocasiones como los conejos de monte, y con los pies posteriores casi tan largos como sus orejas. Nadie ha definido mejor el matacán que Miguel Delibes en su obra Viejas historias de Castilla la Vieja.



"El matacán del majuelo del tío Saturio llegó a ser una obsesión en el pueblo. El matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por otra parte, la carne del matacán no es codiciada, ya que el ejercicio la endurece, el sabor a bravío se acentúa y por lo común no hay olla que pueda con ella"

lunes, 3 de diciembre de 2018

Mano de Fátima

Fátima az-Zahra fue una mujer árabe, hija del profeta musulmán Mahoma.

El Jamsa o Hamsa, también es conocido como Mano de Fátima, es un símbolo en forma de mano popular en todo el Oriente Medio y África del Norte.

Los musulmanes la llaman la Mano de Fatima Az-Zahara que significa “La que brilla”

Los judíos la Mano de Miriam, hermana de Moisés y Aaron.

Su uso es extendido por muchos países del mundo, debe de ser un regalo para que sea efectiva. Existen con muchos símbolos,la Estrella de David y el Ojo de Orus son los mas conocidos.

Esta mano es un amuleto, normalmente un colgante, que protege del mal deteniéndolo con la palma de la mano, previene las enfermedades y atrae la buena suerte.



Los cinco dedos de la mano están sometidos a la unidad de la mano; cada uno de estos dedos representa cada uno de los mandamientos fundamentales de la ley islámica:

Creencia en Alá, los ángeles, los profetas, los libros o escrituras sagradas ( Torah, Biblia y Corán) y el Juicio Final
Oración cinco veces al día
Diezmo o limosna a los pobres
Ayuno en el mes de Ramadán
Peregrinación a La Meca

viernes, 14 de septiembre de 2018

Peñíscola barco varado.





Peñíscola en el mar,barco varado, 
de fuerte quilla y alta arboladura, 
donde se encima un sueño, que almenado, 
rompe el horizonte la angostura. 

Huella de un tiempo duro, empeñascado, 
que se hizo historia, pero que perdura 
en la sombra de un Papa encastillado, 
que empavesa la recia escarpadura. 

Peñíscola en la noche, nave anclada,
muela que afila vientos marineros, 
piedra rugosa de aridez herida,
aunque perenne roca desolada, 
trazadora de eternos derroteros 
con la tajante proa hacia la Vida !!!



Jose Jurado Morales
Peñiscola 1.959



Sócrates


En la antigua Grecia Sócrates tenía una gran reputación de sabiduría. Un día vino alguien a encontrar el gran filósofo, y le dijo:
– ¿Sabes lo que acabo de oír sobre tu amigo?
– Un momento, – respondió Sócrates – antes de que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba, la de los tres tamices.
– ¿Los tres tamices?
– Sí,- continuó Sócrates – antes de contar cualquier cosa sobre los otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir. Lo llamo el test de los tres tamices. El primer tamiz es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir es verdad?
– No, sólo lo escuché.

– Muy bien. Así que no sabes si es verdad. Continuamos con el segundo tamiz, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno?
– ¡Ah, no! Por el contrario.
– Entonces,- cuestionó Sócrates – quieres contarme cosas malas acerca de él y ni siquiera estás seguro de que sean verdaderas. Tal vez aún puedes pasar la prueba del tercer tamiz, el de la utilidad. ¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?
– No, en serio.
– Entonces,- concluyó Sócrates – lo que ibas a contarme no es ni cierto, ni bueno, ni útil; ¿por qué querías decírmelo?