domingo, 2 de junio de 2019

Llegó la tarde

¡Tercera edad!

¡Que linda frase!

Aquí no hay viejos
Solo, que llegó la tarde:
Una tarde cargada de experiencia
Experiencia para dar consejos.

Aquí hay viejos
Solo que llegó la tarde.

Viejo es el mar y se agiganta.
Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra.
Vieja e s la tierra y nos da vida.
Viejo es el amor y nos alienta.

Aquí hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Somos seres llenos de saber.
Graduados en la escuela.
De la vida y en el tiempo.
Que nos dio el postgrado.
Subimos al árbol de la vida.
Cortamos de sus frutos lo mejor.
Son esos frutos nuestros hijos.
Que cuidamos con paciencia.
Nos revierte esa paciencia con amor.
Fueron niños son hombres serán viejos.
La mañana vendrá y llegará la tarde.
Y ellos también darán consejos.

Aquí hay viejos
Solo que llegó la tarde.

Joven: si en tu caminar encuentras.
Seres de andar pausado.
De miradas serenas y cariñosas.
De piel rugosa, de manos temblorosas.
No los ignores ayúdalos.
Protégelos ampáralos.
Bríndales tu mano amiga.
Tu cariño.
Toma en cuenta que un día.
También a ti, te llegará la tarde.

Leda Fuertes de Casanova (Rivas octubre de 2000)

La Meta es el camino

Una meta al disfrute
saboreando largos tramos
el placer consistiendo
no sólo en haber llegado...
también paladear trayectos.



Puntos en las veredas
fines a los destinos
sin olvidar aspirar
oxígeno en praderas...
verdes pinos del camino.






Soleados objetivos
enormes construcciones
dejar que el áureo rayo
con natural calorcillo
broceé nuestras facciones.


Sólo por un segundo
considerar la meta
con disposición de triunfo
sin olvidar nunca
¡que la meta es el camino!


Rocío V-P. (Seudónimo)

lunes, 10 de diciembre de 2018

Impresión de destierro

Cuando el recuerdo así vuelve sobre sus huellas
(¿no es el recuerdo la impotencia del deseo?).
Las Islas L.C.



Fue la pasada primavera,
hace ahora casi un año,
en un salón del viejo Temple, en Londres.
Tras edificios viejos, a lo lejos,
entre la hierba el gris relámpago del río.
Todo era gris y estaba fatigado
igual que el iris de una perla enferma.

Eran señores viejos, viejas damas,
en los sombreros plumas polvorientas;
un susurro de voces allá por los rincones,
junto a mesas con tulipanes amarillos,
retratos de familia y teteras vacías.
La sombra que caía
con un olor a gato,
despertaba ruidos en cocinas.


Un hombre silencioso estaba
cerca de mí. Veía
la sombra de su largo perfil algunas veces
asomarse abstraído al borde de la taza,
con la misma fatiga
del muerto que volviera
desde la tumba a una fiesta mundana.

En los labios de alguno,
allá por los rincones
donde los viejos juntos susurraban,
densa como una lágrima cayendo,
brotó de pronto una palabra: España.
Un cansancio sin nombre
rodaba en mi cabeza.
Encendieron las luces. Nos marchamos.

Tras largas escaleras casi a oscuras
me hallé luego en la calle,
y a mi lado, al volverme,
vi otra vez a aquel hombre silencioso,
que habló indistinto algo
con acento extranjero,
un acento de niño en voz envejecida.

Andando me seguía
como si fuera solo bajo un peso invisible,
arrastrando la losa de su tumba;
mas luego se detuvo.
«¿España?», dijo. «Un nombre.
España ha muerto.» Había
una súbita esquina en la calleja.
le vi borrarse entre la sombra húmeda.

Luis Cernuda

martes, 4 de diciembre de 2018

Matacan

Un matacán es una caja de obra maciza, cubierta y volada, o bien una galería
que forma un voladizo continuo a lo largo de la coronación de una fortificación y en el que el piso en vuelo, perforado, permite el lanzamiento de proyectiles
verticalmente para proteger ciertas áreas vulnerables, como el pie de las murallas.

En los castillos suele haber una zona con aperturas desde donde se tiraba aceite hirviendo u otros líquidos/sólidos. 

Debido a que solían emplearse contra los musulmanes (apodados “perros” o “canes” en aquella época por los cristianos), la etimología de la palabra está clara: mata-canes.





 Liebre que, más que correr, vuela por los campos a tal velocidad que los perros no la alcanzan, tan oscura en ocasiones como los conejos de monte, y con los pies posteriores casi tan largos como sus orejas. Nadie ha definido mejor el matacán que Miguel Delibes en su obra Viejas historias de Castilla la Vieja.



"El matacán del majuelo del tío Saturio llegó a ser una obsesión en el pueblo. El matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por otra parte, la carne del matacán no es codiciada, ya que el ejercicio la endurece, el sabor a bravío se acentúa y por lo común no hay olla que pueda con ella"